Oct 12

Por Felip Cirer Costa, diariodeibiza.es

    

     En el artículo anterior referido a estas minas apuntamos una serie de notas sobre Federico Lavilla y los problemas de la explotación de s´Argentera. Lavilla renunció a la carrera militar cuando fue destinado a Marruecos y dedicó grandes esfuerzos y dinero a la minería ibicenca. Veamos algunos detalles más sobre estas minas.

     El archiduque Luís Salvador de Austria dijo que en 1879 se estaban explotando nueve minas de plomo, que se empleaban unos 200 trabajadores y que se producían unos 10.000 quintales métricos de mineral que se traducían en unas 132.000 pesetas de la época.

     Los ingenieros de minas catalanes Lluís Marià Vidal i Carreras y Eugeni Molina i Sirera publicaron en 1880 en el “Boletín de la Comisión del Mapa Geológico de España” un trabajo con el título de “Reseña física y geológica de las islas Ibiza y Formentera” en el cual recogen de manera muy destacada el estado y los métodos de explotación de estas minas.

     Macabich recoge que durante el primer trimestre de 1883 los propietarios de las minas declaraban haber extraíudo 1602 quintales métricos de mineral de plomo, con un valor de 7.440 pesetas de la época.

     Por la Estadística Minera de 1885 sabemos que hay cinco minas a plena producción y la empresa explotadora es la Compañía de Minas de Eivissa. Los principales propietarios eran Federico Lavilla, Joan Calbet i Bartomeu Vicente Ramón. La producción se vendía a Villaricos (Almería) o a Cartagena y dice así: “La minería continúa desarrollándose  en esta provincia (Baleares) de una manera sensible, particularmente en la isla de Eivissa, que se ha convertido definitivamente en una gran industria gracias al desarrollo que ha dado a los trabajos la Compañía de Minas de Eivissa (…). El aumento de los minerales de plomo extraídos se debe sobre todo a los esfuerzos de la mencionada compañía, que ha ido absorbiendo las pequeñas explotaciones que antes existían en la isla y que aisladamente no podían conseguir los resultados que se pueden obtener si la explotación se encuentra centralizada y en manos de una sociedad que cuenta con el capital suficiente”. Este apunte se lo debemos al doctor Marcus Heinrich Hermanns, que estudió las minas de s´Argentera y defendió firmemente el patrimonio natural e industrial de estas minas.

     Cuando por fín se terminó el aprovechamiento del mineral extraído por los antiguos y que se encontraba en las escombrerias, coincidiendo con una fuerte bajada de los precios del mineral, muchas de estas minas se abandonaron. En 1885 se extrajeron únicamente 4520 quintales métricos, con un valor de 45.200 pesetas de la época.

Eugeni Molina
     Eugeni Molina, que era jefe de ingenieros de minas de Baleares y también director de la empresa de las Salines de Eivissa, intervino en diversas ocasiones en el proyecto, cosa que fue muy criticada por periódicos como el Ibiza, de tendencias conservadoras y que estaban al servicio de la família Tur, que lo acusaba de restar importancia a algunos hechos como un accidente ocurrido en el interior de la mina i que en abril de 1892 causó heridas graves a un trabajador. Se cuestionaba que tipo de actuaciones pensaba llevar a cabo Molina para evitar accidentes comoe el anterior.

     En marzo de 1899 llegaba con el vapor correo la nueva maquinaria para la extracción del mineral: una barcaza la trasladó a tierra, ya que el vapor fondeaba en medio de la bahía, sin poder atracar, ya que los muelles todavía no estaban acabados. Se hizo venir de Mallorca un carro especial para el transporte pesado para así poder trasladarla hasta Sant Carles.

     A partir de 1900 se abandonó la extracción de mineral. A finales de 1903, un empresario mallorquín llamado Constantí Lluch se interesó por la compañía y envió a un ingeniero a inspeccionar las minas. Este ingeniero era el inglés August Stubbs, que se alojó en casa de Josep Riquer Llobet, que en aquel momento era el director de la Salinera y durante cinco días examinó las minas en compañía de Bartomeu Vicent Ramón.

     A los pocos días Riquer se marchó a Palma para continuar las negociaciones. A finales del año 1903 los apoderados de la Compañía de Minas de Eivissa se encontraban en condiciones de firmar la escritura de cesión al señor Lluch. La nueva sociedad, Nova Minera Eivissenca (Nueva Minera Ibicenca) tenía un capital de 500.000 pesetas, de las cuales 150.000 eran de socios ibicencos. El presidente de la nueva compañía pasó a ser Narcís Sans, y el gerente era Josep Riquer.

     Los mallorquines Rafael Rosselló y otro de apellido Cabrinetti eran los máximos accionistas. De inmediato, Stubbs se hizo cargo de los trabajos técnicos. Los inversores ibicencos se encontraban entusiasmados con el impulso que habían recibido de nuevo los trabajos preparatorios para volver a comenzar la extracción de mineral. La reforma de la maquinaria estuvo a cargo de un ingeniero mecánico de apellido Frigart. Para lograr un mejor funcionamiento llegó incluso carbón de piedra procedente de Cardiff, con un mayor poder calorífico en un bergantín goleta llamando “Agda”, que fondeó en el puerto de Eivissa y con barcazas, remolcadas por el vapor “Salinas”, fue transportado hasta Cala Pada, y desde allí, el carbón fue trasladado a Sant Carles de Peralta. Esta operación se repitió en varias ocasiones.

Secar el agua
     En 1907, la compañía Nova Minera Eivissenca realizó un nuevo intento de secar el agua que inundaba la galería con un motor a gas pobre de aspiración directa, sistema Otto, construido por la Gasmotoren Fabrik Deutz, que a 190 revoluciones desarrollaba una potencia de 50 caballos, lo que le otorgaba una capacidad de extracción de unas 300 toneladas de agua a la hora, que se sumaban a los motores instalados previamente tal como comentamos en el pasado artículo. Nada de eso funcionó, lo que se convirtió en todo un fracaso. Fajarnés Cardona dudaba de la titulación de Stubbs y añadía que en Eivissa se dedicó a una vida licenciosa y que con su actuación llevó a la ruina a muchas famílias ibicencas.

     En 1925 hay rumores de empresarios interesados en la explotación de las minas. En concreto se habla del empresario catalán Valls Ventosa  y de otro apellidado Chaves, que muestran interés, tanto por estas minas como por otras situadas en el municipio de Sant Joan de Labritja. Se decía que el plomo que se extrajo entre 1890 y 1898, seis millones de toneladas, tendría en 1925 un valor de más de seis millones de pesetas de la época. En 1926 visitó las minas un ingeniero llamado Alvaro de Murga, comisionado por la Real Compañía Asturiana con el objetivo de realizar un estudio preliminar sobre nuevas posibilidades de las minas. En 1930 se comentó que el exministro y político catalán Francesc Cambó también se interesó como posible inversor. Lo realmente cierto es que las minas se encontraban completamente abandonadas y durante mucho tiempo hubo contínuas acciones de pillaje para aprovechar restos de material utilizado en la explotación de las minas.

    

Cortesía de Diario de Ibiza 

Más información en www.diariodeibiza.es 

escrito por vicente


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