Sep 28

Por Miguel Angel González, diariodeibiza.es

    

     La religión va perdiendo terreno según pasa el tiempo porque no consigue explicar lo inexplicable y de ahí que hoy prosperen agnosticismos y ateísmos. Los pueblos antiguos, contrariamente, atemorizados por todo lo que no entendían, se inventaron dioses para todo en un imaginario religioso que hoy nos descubre sus creencias, sus esperanzas y sus miedos. En Ibiza tenemos una buena muestra en los vestigios, santuarios, exvotos, etc., que nos dejaron los púnicos.

     De nuestro pasado más antiguo sólo los arqueólogos pueden darnos reconstrucciones fiables. El hándicap, sin embargo, del método científico está en el constreñimiento que impone el dato estricto y verificado que se vierte en publicaciones especializadas y deja para el ciudadano de a pie una escueta reseña en la prensa que, por lo general, pasa por alto. Uno añora el romanticismo de quienes hicieron arqueología por afición y desenterraron mundos perdidos. Es cierto que, sin la necesaria formación, tuvieron desatinos y apuntaron errores, pero no es menos cierto que nos legaron sueños y relatos inolvidables. Hoy sabemos que los legos en la materia sólo podemos divagar sobre lo que los arqueólogos nos dicen o lo que vemos en los museos. Y es posible que lo que digamos sea desmentido o corregido, pero de eso se trata, de que la arqueología llegue a la calle. Dicho esto, hoy quiero dedicar cuatro rayas a un tema que me parece fascinante, el imaginario religioso de la Ibiza cartaginesa.

     A ciencia cierta, desconocemos la procedencia exacta de la primera expedición de colonos que en el 654 a.C. fundó Iboshim–, pero teniendo en cuenta que la situación geoestratégica de la isla en el occidente mediterráneo era vital para Cartago, cabe pensar que vendrían de la metrópoli africana y que la seguirían otras gentes desde enclaves púnicos peninsulares, insulares o africanos. Aquellos colonos traerían consigo sus mitos, dioses, creencias, cultos y ritos. En la isla no encontrarían una población indígena significativa, pero sí asentamientos fenicios que conservaban un imaginario religioso más antiguo, parecido al de Gadir, pero no muy diferente al que traían, pues todos, fenicios y cartagineses, eran un mismo pueblo. De su imaginario religioso, en todo caso, nos hablan sus dioses, sus creencias, sus espacios de culto y sus ritos, todo un corpus que descubrimos a partir de epigrafías, representaciones simbólicas, objetos rituales, fuentes griegas o latinas y, también, del Antiguo Testamento, afín al mundo fenicio por su contexto semítico. Y otro aporte a su imaginario religioso está en su pervivencia que se mantiene hasta bien entrada la romanización y en la capilaridad de sus asentamientos, razón de que todos ellos tengan una tipología histórico-religiosa semejante. Consecuentemente, cuando hablamos de centros de culto como es Culleram, s´Illa Plana, Puig d´en Valls o el que hubo en la cima urbana de Iboshim, estamos en un imaginario parecido al que encontramos en la cueva de Gorham de Gibraltar o en santuarios como El Carambolo, el Cerro de San Juan, Salobreña, el Cerro de la Tortuga, La Algaida o Villaricos. El material exhumado tiene en cada caso características propias, pero también elementos de significación religiosa comunes, sean terracotas, vasos, huevos de avestruz, brazaletes, anillos, pebeteros, quemaperfumes o escarabeos. Incluso las monedas nos descubren ritos, divinidades, símbolos sacros y templos. Son piezas que, por lo general, no destacan por su factura y valor material, pero sí por su significación, por su relación con el oferente o difunto, por su valor mágico y propiciatorio. Y especial atención en aquel imaginario tiene la representación de Gorgona o Medusa, cabeza de rizada cabellera con diadema de plumas y serpientes que nuestros arqueólogos de cabecera, B. Costa y J. H. Fernández, ven como ´representación mistérica y espectral de la muerte´ –aspecto numinoso-negativo de Tinnit– que nos remite a ese Más Allá que nos aterra.

     Es un imaginario, por otra parte, en el que se repiten algunas constantes reveladoras: un panteón politeísta jerarquizado, con un dios supremo, Melqart, junto a un par o paredros femenino que suele ser Astarté, pero que en Ibiza, por influencia de Cartago, es Tinnit o Tanit; una creencia en el mundo de ultratumba y una fuerte ritualización en las incineraciones o inhumaciones. Otras divinidades fueron Eshmun, Baal Hammon y el enigmático Bes. De los santuarios y templos sabemos poco. Parece que tuvieron una zona sacra o adyton, con ara sacrificial reservada a los sacerdotes y otra vestibular en la que los fieles presentaban sus ofrendas. En la inscripción de la plaquita encontrada en es Culleram (s. IV aC) aparece el nombre de Azorbaal, uno de aquellos sacerdotes que tenían funciones oraculares, hacer las preces, quemar incienso y sacrificar.

     Vestían túnicas de lino púrpura o blanco, cubrían su cabeza con bonete o velo que les bajaba por la espalda y llevaban bandas o estolas según fueran sacrificadores o turiferarios. Ejercían con los pies desnudos y algunos llevaban rapada la cabeza, indicio de casta y pureza ritual. Existía asimismo un sacerdocio femenino para las diosas y también mujeres que practicaban la prostitución sagrada, las heteras, con función encuadrada en los cultos a la fertilidad y que intervenían con címbalos, timbales y danzas, en ceremonias, cortejos funerarios y celebraciones.

Rito del Molk
     En cuanto al rito del Molk con sacrificios humanos, no se tiene noticia de que se hicieran en Ibiza, cosa lógica porque estaba reservado para situaciones extremas que en Iboshim no se dieron y por qué en las colonias tales costumbres se relajaron. El santuario o templo jugaba un papel determinante, controlado por un skn o gobernador que intervenía los asuntos de culto, fijaba las ofrendas y pagos de los sacrificios y atendía las necesidades del templo, asignándole, en algunos casos, tierras y ganados que proveían a su economía. La conclusión a la que llegamos es que el imaginario religioso de Iboshim mantuvo una clara continuidad con el de Cartago, aunque, eso sí, con una fuerte personalidad a la que no era ajena su condición insular. Y poco más podemos decir, aunque nos dejemos, por desconocido, lo mejor en el tintero. Y lo mejor sería visualizar aquellas expresiones mágicas y temerosas de religiosidad en las ceremonias, en los rituales de ofrendas y sacrificios, en las procesiones, en las celebraciones y en los enterramientos. A veces, en la cima del pináculo urbano, en el entorno de es Culleram y en los senderos de la Necrópolis, pueden todavía oírse letanías, canciones y lamentos. Sólo hace falta querer ´escuchar´.

    

Cortesía de Diario de Ibiza 

Más información en www.diariodeibiza.es

escrito por vicente


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