Oct 26

Por Vicente Marí

   

     Es cada vez más frecuente que, cada vez en más colegios, se puedan encontrar niños con grandes capacidades intelectuales, también llamados superdotados. Estos niños no abundan, pero existen y es cada vez más frecuente descubrir nuevos casos. Estas grandes capacidades, que en principio son una importante ventaja para el aprendizaje, a menudo se convierten en un problema que puede derivar en fracaso escolar si el tratamiento de estas capacidades y por extensión, la educación de estas personas no está bien orientada, ya que estas capacidades requieren de un tratamiento especial.
     Según los datos estadísticos que maneja la psicóloga Susana Arroyo, alrededor del 60% de los estudiantes con grandes capacidades tienen un rendimiento escolar por debajo de sus posibilidades y el 30% de esos casos derivan en fracaso escolar. “Solamente un 10% de estos alumnos rinden conforme a sus posibilidades”, subrayó esta psicóloga en una charla que ofreció el pasado abril en un acto organizado por la Associació d´Alts Capacitats i Talents d´Eivissa i Formentera (Actef). Estas cifras demuestran la escasa formación del profesorado sobre estos casos y la necesidad de que los profesores aprendan a distinguir a estos niños, puedan ayudarles a desarrollar esta capacidad de forma eficiente y esta ventaja no se convierta en un problema.
     Los niños superdotados, a pesar de sus altas capacidades, pueden rendir incluso menos de lo normal, siendo víctimas de fracaso escolar por la desmotivación y el aburrimiento de los temas que se tratan. No obstante, hay temas que les interesan y por las que estan terriblemente motivados. Arroyo precisa que a esos niños no les motiva precisamente sacar una buena nota u obtener un expediente brillante como a otros estudiantes, sino que “se sienten motivados por el conocimiento, el afán de saber”. Por este motivo, el papel del profesor es muy importante y a menudo deberá actuar rápidamente para obtener un buen resultado. Su objetivo consistirá en que el alumno esté motivado, tenga buenos hábitos de estudio y, en definitiva, un rendimiento escolar de acuerdo con sus posibilidades, que será más elevado que la media, y todo ello, sin afectar a su autoestima.
     Arroyo señaló la falta de motivación o bien una estrategia equivocada en el aprendizaje los problemas que más acusan los estudiantes superdotados, lo que deriva en la insatisfacción escolar, que tarde o temprano desembocará en una especie de fracaso, propiciado por el bajo rendimiento. Si el rendimiento es escaso, llega el fracaso escolar, baja la autoestima y se impone la necesidad de actuar con urgencia con el fin de romper la inercia.
     Esta psicóloga subrayó que la baja tolerancia en estos niños hace temer al fracaso, aunque también existe el temor al éxito, hasta el punto de que, con frecuencia los niños con grandes capacidades deciden disminuir su rendimiento para evitar llamar la atención y sus propios compañeros les discriminen utilizando comentarios del tipo “sabelotodo”. La desmotivación  principal, no obstante, puede venir no sólo por la situación escolar, sino también por el entorno, el rechazo social, e incluso la situación familiar.

              

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