Oct 19

“La prevención es el mejor remedio contra el fracaso escolar”

 

Por Erika Schumann

      

     Suele decirse que cada persona es un mundo. Nadie niega esta obviedad. Cada persona es diferente no sólo es su forma de pensar, sino también en su forma de sentir, en su forma de mirar, en su forma de comprender. Un profesor puede explicar algo para varios alumnos y todos ellos habrán asimilado a su manera, de forma distinta, la comprensión de la explicación. Por eso mismo, el rendimiento escolar de cada alumno es algo que debe verse  de forma individualizada. Algunos pueden obtener notas de excelente calificación con sólo asistir a clase y prestar atención, y otros, poniendo todo su esfuerzo, sólo lograrán obtener una calificación justita. No se puede comparar a estos dos alumnos puesto que sus capacidades son distintas, no mejor ni peor.  

     Procuro insistir mucho en el tema del esfuerzo. Realmente, esto es lo que hay que valorar, y no las calificaciones que vienen en las notas. El alumno que se ha esforzado estudiando y ha conseguido aprobar con lo justo debe tener más valor que el que lo ha hecho sin esfuerzo. La razón es muy sencilla: El que lo consigue todo sin esfuerzo no es capaz de valorar el esfuerzo de los demás. Los adultos, como padres, como educadores, somos los que debemos valorar ese esfuerzo. Y recompensarlo, incluso aunque el alumno haya suspendido. Porque los adultos sabemos lo que nos cuesta conseguir las cosas. Todo cuesta. Todo se consigue con esfuerzo.

     Todos tenemos predilección por una serie de materias que, por una causa u otra, nos atraen y nos motivan a aprender. Otras, en cambio, no nos atraen y nos provocan rechazo. En el boletín de notas que cada semestre sigue la evolución del alumno vendrán identificadas estas materias.

     En mi opinión, el boletín de notas es un método injusto que, a la larga, acabará por desaparecer. No premia el esfuerzo, sino el resultado, que es lo que vale en nuestra sociedad. No debería ser así. Ya que el sistema educativo no se permite el hecho de valorar el esfuerzo, somos los padres los que lo hagamos. Pensemos en lo frustrante que es para un hijo, a una edad temprana o siendo un adolescente, que ha luchado contra una materia, tratando de comprenderla para que, en el examen se le castigue con un suspenso. El alumno acusará ese golpe si nadie le anima y le ayuda, y sobre todo, se le hace saber que, aunque el resultado no haya sido el deseado, se le valora el esfuerzo y se le pondrá a su servicio un repaso o un profesor particular. Si el alumno no quiere estudiar, ponerle un profesor será una inversión de dudosa rentabilidad, ya que la motivación para aprender es vital. Un alumno sin interés, sin motivación, es como un Boli sin tinta. Le falta lo esencial.

     Un aspecto determinante de las malas notas en los estudiantes es crear el hábito de estudio. A edades tempranas, a los cinco, seis u siete años, ya podemos empezar a crear el hábito de estudio. Crear este hábito consiste en habilitarle un espacio y un horario para que vaya realizando las tareas de la escuela. A una edad temprana, será más fácil asimilarlo ya que para ellos será como un juego. Al principio tal vez será necesario hacer un esfuerzo para que este hábito se instale en el alumno. Cuando el hábito esté arraigado, no será necesario estar encima del alumno porque él mismo lo fomentará.

     Hay casos en los que, por miedo a las reacciones de los padres, los hijos esconden los boletines. Esto es síntoma de que no existe ni comunicación ni confianza entre padres e hijos. Esto es síntoma de que podrían existir castigos físicos, amenazas e incluso maltrato. Esto es gravísimo y si no se soluciona, la situación empeorará. Hay que fomentar la comunicación y la confianza, y para ello, hay que abandonar los castigos físicos, las amenazas y el maltrato. Esto no ayuda al alumno. La violencia genera violencia.

Errores de los padres

     Es importante afrontar los resultados negativos, las malas notas. Los padres tenemos un papel fundamental, aunque cometemos errores importantes de forma inconsciente. El error principal es que no se mantiene una constancia en cuanto al seguimiento y apoyo al estudiante. Es necesario mantener un seguimiento del alumno a diario, no cada dos o tres meses, cuando entran en escena las notas.   

     Otro error es el desconocimiento del alumno y sus exigencias. Las exigencias en el colegio son normales, en la mayoría de los casos, con asistir a clase, escuchar las explicaciones y un poco de estudio, se sacan buenas notas. No obstante, es importante que sepan que en el instituto el salto cualitativo es muy grande y se les exige mucho más. Ya no les valdrá lo que antes les funcionaba. Ahora tendrán que tomárselo mucho más en serio. Es importante conocer cuáles son las exigencias académicas que tienen los niños y adolescentes. De esta forma, es posible ayudar al alumno a través de la motivación y el incentivo. Deben ser acordes a la situación de cada uno, siempre bajo la motivación a que den un poco más de ellos mismos. Igual de importante es que no se desanimen. Hay que incentivarlos a superarse para que puedan mejorar su rendimiento académico. Este incentivo debe ser a corto plazo, cada mes o cada dos meses. El tan usado “si apruebas el curso…”, para muchos suena muy lejano.

     Es aconsejable que haya una relación fluída entre padres y profesores. La educación es un trabajo de equipo y muchas veces se hace de forma separada. Lo ideal es establecer una serie de reuniones en las que se evalúe la evolución del alumno así como la prevención de posibles conductas. Hay que tener en cuenta que es mucho el tiempo que el alumno pasa en el colegio, lejos de su hogar y de la vigilancia de sus padres, y que durante este tiempo, son los profesores los que más conocen al hijo. Se ha dado el caso de que en su casa, con sus padres y su familia, el alumno adquiere una actitud, que luego era otra totalmente opuesta en el colegio.   

     Por último, voy a enumerar una serie de puntos que son vitales de cara a la consecución de un correcto hábito de estudio, y por tanto, para lograr buenas notas en el colegio.      

  • Creer siempre en la capacidad de los hijos.
  • Establecer metas reales en función a la capacidad de cada niño o adolescente.
  • Interesarse en las actividades escolares que los hijos realizan.
  • Ayudar a los hijos en la organización del tiempo de estudio.
  • Felicitarlos por los progresos que vayan teniendo en el rendimiento escolar.
  • Estimularlos con palabras de apoyo y evitar criticar los errores que los hijos puedan cometer, orientándolos a que aprendan de ellos.
  • Fomentar las relaciones con sus compañeros de colegio o amigos para mejorar sus aprendizajes. Para varios niños y adolescentes es mejor estudiar con otras personas.
  • Orientarlos a que el lugar de estudio tenga las comodidades para ello: buena iluminación, ventilación, una silla correcta, lugar para desplegar los libros y apuntes, etc.

     Si quieres saber más, puedes acceder a una serie de artículos sobre este tema elaborados por los redactores de Mennta. Pincha para ver el Informe Fracaso Escolar.         

escrito por vicente


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