Ago 03

Por Violeta Alcocer

    

ninos-en-colegio     De uno a dos años miran atentamente todo lo que hacemos para repetirlo. Es su forma de aprender. Son pequeños imitadores en acción. Como copian lo bueno y lo malo, si no queremos que hagan ciertas cosas… No las hagamos nosotros. 

     Los cachorros humanos no nacen sabiendo, así que tienen que aprender un montón de cosas antes de poder defenderse en el mundo. ¿Cómo lo hacen? Observando y copiando. Nos imitan más de lo que pensamos: a comer con la cuchara, a dar besos, a abrir unas cajas… e incluso a qué tener miedo. Por ejemplo, si vamos paseando y suena un ruído fuerte (un avión, un globo que explota o un camión que descarga…). ¿A quién mira el bebé antes de echarse a llorar? A papá o a mamá. Y dependiendo de su reacción, se asustará más o menos, señalará con el dedo, lo ignorará, se tapará los oídos… es decir, imitará sus reacciones.

     Cuantas más veces ocurra este suceso, más probabilidades hay de que el pequeño vaya incorporando esta actitud como propia. Pasado un tiempo, ya no necesitará mirar a sus padres: la imitación le ha servido para generar reacciones adaptativas a su entorno.

     Pero hay más. La imitación no se da aisladamente, viene acompañada de una herramienta que viene a ser como el “pegamento” de los nuevos conocimientos: la perseverancia, es decir, la repetición.

        

     PALABRAS

     Imitan sobre todo las palabras que le dirigimos a él (“cariñito”, “mi amor”) y algunas que forman parte de los rituales cotidianos (“al agua patos”, “a comer”, “ñam, ñam”). Pero también imitarán e irán interiorizando todas las demás, pues la forma en que aprenden el lenguaje es escuchándonos hablar. Al principio lo harán con lengua de trapo, pero poco a poco (y si les hablamos siempre con claridad y de forma correcta, irán ampliando de forma increíble su vocabulario. No hay que impacientarse.

  

     GESTOS

     Aplaudir para mostrar alegría, dar palmas para cantar, hablar por el móvil, peinarnos, pintarnos los labios, sacar y meter las llaves en el bolso, tocarnos la frente cuando estamos cansados y suspirar, levantar los hombros cuando queremos decir “no lo sé”, o abrir los brazos para recibir a un amigo son algunas de las expresiones que los peques copiarán rapidamente.

   

     RESPUESTAS

     Nuestra forma de responder a los sucesos es un mensaje para el pequeño, que todavía desconoce muchas de las cosas que ocurren a su alrededor. Aquí tenemos como padres, una baza importante para transmitir un modelo que combine seguridad, prudencia y apertura al mundo, intentando responder de forma equilibrada a las situaciones cotidianas. Por ejemplo, cuando el pequeño explora (y a partir de ahora lo hará muy a menudo), si nos mostramos asustados ante cada nueva peripecia, el pequeño imitará nuestra respuesta, aprenderá a asustarse y verá peligros por todas partes.

     La forma de reaccionar ante sucesos inesperados (por ejemplo, si se nos olvidaron las llaves en casa podemos agobiarnos o improvisar u pasar la tarde en cada de la vecina) les ofrece un modelo que les valdrá para toda la vida.

    

     EMOCIONES

     Se dice que los niños son capaces de saber lo que los demás sienten hasta alrededor de los tres o cuatro años (empatía), pero esto es una verdad a medias. Quizá el bebé no puede identificar de forma activa los sentimientos ajenos (ni los propios), pero el estado emocional de las personas que tiene alrededor influye poderosamente en el suyo. En ocasiones, un bebé tenso, triste o irritado no es más que el reflejo de unos padres preocupados y malhumorados, de una cuidadora con problemas personales o de una abuela cansada. Es muy importante cuidar nuestras emociones cuando somos padres, pues si nosotros estamos bien, nuestros bebés se “empaparán” de nuestro estado 

anímico.

    

     SEGURIDAD

     Subirnos a una silla para coger algo, tender la ropa encaramados a la ventana, abrir el candado de la caja de las medicinas (o tomarlas delante suyo), ponerle pilas al mando a distancia… Cualquier acción que no queramos que nuestro hijo intente reproducir, mejor no hacerla delante de él. Al menos, de momento.

     

     PALABROTAS

     La única forma de evitar que nuestro pequeño nos sorprenda con este tipo de lindezas es no decirlas. Si aún así alguna vez aprende alguna palabrota (ya que ahora se encuentra en plena adquisición del lenguaje), no hay que prestarle demasiada atención ni poner el grito en el cielo por muy fea que sea. Lo que sí hay que evitar es que si suelta una palabrota, un eructo o un pedito, no hacerle ver que nos divierte, aunque así sea, ya que eso le motivará para seguir haciéndolo.

     Cuando son tan pequeñitos, las palabras les llaman la atención no tanto por su significado, sino por su sonoridad o pronunciación. Las ganas de repetirla se les pasará en cuanto aparezca una palabra nueva que suene igual de bien a sus oídos.

     

     VIOLENCIA

     En esta etapa no sirve de nada aquello de “haz lo que digo pero no lo que hago”, porque para el pequeño de un año, la acción que ve predomina como fuente de información sobre lo que oye.

     Si pegamos al pequeño en la mano para que no coja tierra de la maceta, si le damos en el culete cuando hace algo mal o le empujamos cuando estamos enfadados… además de estar dañando su integridad, su autoestima y sus derechos, le estamos ofreciendo un modelo violento en sus relaciones con los demás. Las va repetir antes o después aunque luego le digamos que “no se pega”.

          ¡Cuantas veces decimos que son como esponjas! Hay que aprovecharlo y proponer juegos como estos:

   – El juego de señalar.

Consiste en ir nombrando y señalando las partes del cuerpo mientras nos miramos en un espejo. Primero los ojos, luego la nariz,  las orejas, las manos…

   – El juego del tren.

Esta actividad se basa en la idea de hacer un tren adaptado a sus capacidades psicomotrices y, según vayan pasando los meses, ir incorporando dificultades y objetivos.

A) El pequeño copiará lo que hace el “maquinista”, ya sea un adulto o un niño más mayor. 

B) Se puede empezar haciendo un trenecito a gatas y acompañar la marcha con un sonido de silbato: “piiiiiiiiii, piiiiiiiiii, chucu, chucu, chu”.

C) Cuando el pequeño se ponga en pie, podemos hacer el ten agarrados, caminando despacito, cantando una canción mientras caminamos e incorporando un objetivo, por ejemplo, ir a lavarnos las manos antes de comer.

D) Más adelante podemos complicar el juego un poquito añadiendo sonidos y pasos diferentes (sacar una pierna o dar un saltito cada tres pasos, saludar…), cantando canciones e incrementar la dificultad (ir recogiendo juguetes por el camino, repartiendo besos por toda la casa, etc.).

   – Canciones y poemas para imitar con gestos

            Esta canción se canta haciendo los gestos con las manos.

 

            “Saco una manita y la hago bailar,

            la cierro y la abro y la vuelvo a guardar.

            Saco la otra manita y la hago bailar,

            La cierro, la abro y la vuelvo a guardar.

            Saco las dos manitas y las hago bailar,

            Las cierro, las abro y las vuelvo a guardar.

            ¿Dónde estan las manitas?

El pequeño responderá:  ¡Aquíiiiiiiiiiiiii!

 

     – Todos a la mesa.

Esta es la edad ideal para sentar al pequeño a comer con toda la familia y permitirle imitar todo lo que hacemos los mayores: ensayar con los cubiertos, picotear de aquí y de allá, usar la servilleta, beber agua del vaso… Esto implica tener que lavar muchos manteles, baberos, manitas y hasta pelos (y no solo los suyos)… ¡pero es el precio que hay que pagar para que nuestro pequeño llegue a ser un buen gourmet!

 

Por Violeta Alcocer, psicóloga (www.auladefamilia.com)

Extraído de la revista Ser Padres,   (www.serpadres.es)

escrito por Administrador


No se permite comentar.

Content Protected Using Blog Protector Plugin By: Make Money.

Videos, Slideshows and Podcasts by Cincopa Wordpress Plugin