Jul 13

Por   Alicia Rubín de Celis Tur 

         

     Hoy dedicaremos este artículo a un tema de capital importancia y que marcará el paso de la relación con nuestros hijos. Inculcar hábitos sanos en nuestros hijos es proporcionalmente más sencillo cuanto más pequeños son. Independientemente de su grado de maduración, entre los tres y cinco años es la edad ideal para que los niños aprendan ciertas rutinas y los padres tienen la obligación de instruírles.

     Los padres tienen muchas responsabilidades para con un hijo, y entre ellas, aparte de mantenerlo económicamente y dotarle de una armonía y bienestar, está la responsabilidad de inculcarle hábitos de vida saludable. Estos hábitos ya se empiezan a trabajar en la guardería, pero deben tener continuidad fuera de ella, es decir, en el entorno familiar. De esta forma, se empieza a forjar la colaboración entre padres y educadores/as con el objetivo común de instaurar hábitos saludables y se dará más tarde en la etapa escolar entre padres y profesores para el correcto funcionamiento del alumno en clase.

     Los padres, ya lo hemos dicho otras veces en otros artículos, tienen la obligación de inculcar hábitos de vida sana, de sueño, de higiene, de estudio, de tener en orden su tiempo, su espacio… Para ellos es como un juego aprender a cepillarse los dientes, recoger la habitación, leer, o bañarse, ya que demuestra de esta manera ser capaz de hacer las cosas por sí mismo sin tener necesidad de la ayuda de los padres, lo que le confiere seguridad e independencia para hacer muchas de las tareas que tiene que afrontar durante el día.    
     A los tres años, la gran mayoría de niños ya van al colegio, e incluso antes, en las guarderías ya empiezan a familiarizarse con alguna de estas rutinas como recoger las cosas después de haberlas utilizado, dormir la siesta, comer de forma sana, etc., Sin embargo, estos hábitos deben tener continuación fuera del ámbito escolar, en el hogar, y de forma muy intensa, por parte de los padres.

     No se trata de que los pequeños vean eso como una obligación, sino como un beneficio a corto, medio y largo plazo. Para lograr ese objetivo es importante aprovechar la curiosidad que muestra el pequeño por todo lo que le rodea y que él lo perciba como un juego, y para ello, tal como mencionamos la pasada semana, los padres son los primeros que deben dar ejemplo y practicar esos hábitos. Sin ese ejemplo es evidente que inculcar hábitos será mucho más difícil y hasta es posible que infructuoso o inútil.

     Si le pedimos a un niño que estudie, que se lave, que organice su espacio, que ayude en las labores de la casa y no ve a los dos padres dando ejemplo, es muy posible que en el mejor de los casos, el niño asuma esos hábitos de forma temporal, pero llegado el momento, los abandonará porque no verá el ejemplo permanente que deben darle los padres y que debe servirle de guía y de sustento para que lo siga haciendo. Sin el ejemplo de los padres, mucho de ese esfuerzo será inútil.

Alicia Rubín de Celis Tur es responsable de la guardería  Els Angelets.

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