Jul 06

Por Vicente Marí

      

     Después de un tiempo de ausencia, la sección “Educación” vuelve con nuevos temas de interés que hemos extraído de vuestros comentarios tanto en Facebook como en las sugerencias dejadas a través de la línea abierta que tenemos con vosotros en el enlace de contacto. El tema de hoy es algo similar a una continuación a uno de los temas que ya publicamos en enero del pasado año 2010 y que se tituló el deber de educar.  

     Hay tres pilares fundamentales para conseguir la buena educación, y son tres pilares muy básicos: Serenidad, Razonamiento y Firmeza. Por este orden, estos tres factores nos ayudarán a lograr una buena educación permitiendo el desarrollo de la personalidad de nuestros hijos.

     En un primer momento, es posible que muchos padres utilicen el recurso del enfado y la voz firme o el grito para llamar al orden a su hijo. Eso es un error y ahora veremos por qué.

     El cerebro de todos los animales, y por extensión, las personas, está dividido en distintas áreas. Una de ellas controla las funciones de supervivencia y poder. Un niño/a de meses es lo suficientemente inteligente como para saber que si llora, los demás le atenderán, y ese es sólo uno de los recursos de esa área cerebral.

     Esta zona cerebral impulsa un comportamiento que podríamos denominar “egoísta”: hará todo lo que sea necesario para calmar una necesidad sin pensar en nada más, aunque sea haciendo daño a otro niño o asustandolo. Este comportamiento, con el tiempo, se va moderando y se va controlando por el individuo, pero a corta edad, los niños no atienden a razones con facilidad. Para ellos todo es blanco o negro.

     En ese sentido, si contrariamos a un niño castigándolo o riñéndole, es muy fácil que se enfade, ya que tiene la necesidad de hacer cosas, aunque sean del todo incorrectas o inapropiadas. Si replicamos a su enfado con otro enfado nuestro aún mayor, el niño es posible que ceda en ese momento, pero en el corto plazo, el niño asimilará ese comportamiento y lo irá haciendo suyo, con lo que esos enfados tanto del niño como de los padres irán a mas, y en vez de resolver un problema, lo estaremos agravando. Todos conocemos ese dicho que dice que “la violencia genera más violencia”, pues en este caso, “el enfado genera más enfado”.

     Entonces, si no podemos enfadarnos con ellos, ¿Qué nos queda a los padres?

     Como he dicho antes, hay tres pilares básicos que sostienen una buena educación y son Serenidad, Razonamiento y Firmeza. Vamos a saber un poco más cómo funciona este método.

     La Serenidad es la materia más necesaria en la educación de un niño. Mantener la calma cuando el niño ha perdido la suya y patalea tirado en el suelo de un supermercado atestado de gente es el principio por el que el niño comprenderá que, a través de sus rabietas, no va a lograr lo que se propone. Es importante mantener la calma en todo momento. El niño comprenderá que de esta manera no se consiguen las cosas, sino que hay que hacerlo de otro modo. Los niños son listos y entenderán que, si en los primeros intentos fracasan, buscarán otro modelo. Sea como sea, un padre no debe perder la serenidad ni la calma a pesar de lo tentador que puede ser eso a veces.

     El siguiente peldaño que nos encontramos es el Razonamiento. Esto, dicho en otras palabras, es la capacidad de pensar, de convencer, de hallar una solución a un problema. Cuando un hijo se muestra rebelde a hacer alguna cosa o a encajar alguna decisión, lo mejor es hablar con él con un tono pausado y sereno. Primero mostrarnos serenos y calmados y después, razonar con el niño. Hablar con él para entender sus razones y calmarlo. Una vez que está calmado, podemos empezar a razonar con él, a discutir el por qué de una decisión o acto, para que pueda entenderlo. Una criatura que no entiende porqué se le castiga es muy fácil que vuelva a cometer el mismo error otra vez. En lo posible, tenemos que asegurarnos que entienda en que ha consistido el error. Sin embargo, es posible que vuelva a ejercer el mismo comportamiento como un medio de rebeldía o para llamar la atención.

     En último lugar, y no por ello menos importante, tenemos la Firmeza. La firmeza es un valor del que hay que hacer uso con frecuencia, casi tanto como la serenidad y el razonamiento. Firmeza para castigar con objetividad y firmeza para que el niño no nos tome por blandos. Si hacemos un uso ejemplar de la serenidad y el razonamiento, pero fallamos en la firmeza, habremos creado un monstruo capaz de llevarnos a su terreno y aprovecharse. La firmeza debe estar presente en todo momento. Si castigamos al hijo a estar sentado en una silla durante veinte minutos, no puede ser que, al cabo de un par de minutos, en los primeros sollozos, se le levante el castigo. Esto JAMAS hay que hacerlo. Es el peor error de todos. Sin embargo, el castigo no es la panacea de nuestros males. Si ha tirado una cosa, hemos de seguir con él para que la recoja el tiempo que sea necesario hasta que lo haga. Para ello tenemos que mostrarnos serenos, conciliadores, asertivos y firmes. Si el niño ve en nosotros una figura firme, acabará accediendo.

     Fallar en cualquiera de estos tres pilares podría provocar dar una imagen equivocada y una respuesta inapropiada a las demandas educativas del niño.  Por eso lo llamo pilares. Un trípode tiene tres patas, y todas ellas tienen la misma importancia. Si una de esas patas flaquea o se rompe, lo que haya encima se cae. Como en este caso.

 

escrito por Administrador


3 Responses to “Los pilares de una buena educación”

  1. 1. candela ha comentado:

    Bastante deficiente y nada profesional.Lo siento pero es así.
    Un saludo y a mejorar!!

  2. 2. Sonia ha comentado:

    En este artículo veo reflejados mis errores a la hora de educar. Yo soy la que más chilla porque mis hijos también chillan. Nunca me había parado a pensar que esto lo creé yo con mi actitud. Y con lo del castigo, que cuando se pone a llorar y a pedir perdón se me parte el alma y le levanto el castigo, también lo hago. Mi marido dice que soy muy blanda y permisiva con mis hijos y que nos arrepentiremos de esa actitud cuando sean adolescentes. En el comentario anterior dicen que es deficiente y nada profesional, pero no dice en que se basa para decir eso. A mi me ha servido. Gracias.

  3. 3. Vicente Marí ha comentado:

    Soy el autor de este artículo y quisiera dirigirme a Candela, del primer comentario.
    Este artículo esta basado no sólo en experiencias personales mías como padre, sino también en la de profesionales médicos que se dedican al tema y a profesores de niñ@s de corta edad. Francamente, no sé a qué te refieres con lo de “deficiente y nada profesional”. Este artículo ilustra claramente el tema al que quería hacer referencia, así que por mi parte, estoy muy orgulloso de cómo ha quedado. Te sugiero que, si vas a seguir esta sección, algo que espero que hagas, ilustres tus comentarios con algo más de detalle y argumentación. No es lo mismo decir “esto no me gusta. Lo siento pero es así” que decir “esto no me gusta por esto, por esto y por esto. Lo siento pero es así”. No obstante, anoto tu opinión.
    Un saludo y gracias por tu comentario.

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