Nov 19

Por Marta Torres, diariodeibiza.es

    

     Ser capaces de medirse en cualquier momento el nivel de azúcar en sangre y decidir la insulina que se inyectan es «el descubrimiento más grande que se ha hecho para las personas diabéticas en los últimos 30 años», según aseguró ayer el endocrino y jefe de Pediatría del hospital Can Misses, Bartolomé Bonet, en la conferencia que ofreció con motivo del Día Mundial de la Diabetes. «Ni trasplantes de páncreas ni trasplantes de islotes ni nuevas insulinas. El autocontrol es el punto más importante», indicó en la charla, uno más de los actos organizados por al Asociación de Personas con Diabetes de las Islas Pitiusas.
     Bonet alertó del incremento en el número de diabéticos de tipo 2 (es decir, los que desarrollan la enfermedad a consecuencia del sobrepeso y el sedentarismo), especialmente en el caso de los niños y adolescentes. «Ya tengo enfermos de 15 años», insistió el especialista, que destacó la necesidad de que la gente controle la dieta y haga más deporte para evitar este tipo de diabetes. A la conferencia, que se ofreció en el hotel Ocean Drive de Marina Botafoc, asistieron una veintena de enfermos y sus familias, entre los que estaba la presidenta de la asociación, Laura López, que desde primera hora de la mañana estuvo repartiendo en la ciudad de Ibiza globos azules para concienciar a la sociedad de las necesidades de los enfermos.
«Se ha acabado con la medicina paternalista en la que el médico lo decía todo. Si el enfermo no participa, no irá bien nunca», insistió. Aunque alabó los beneficios de que los propios enfermos puedan controlarse y tomar decisiones como la cantidad de insulina que se inyectan, Bonet alertó del peligro que esto conlleva: «el autoengaño de los pacientes».
     El endocrino aseguró que los enfermos, especialmente los adultos, pueden hasta llegar a convencerse a ellos mismos de que los niveles de azúcar en sangre son menores de lo que en realidad son. «A veces cuesta mucho adaptarse a la enfermedad y eso es un gran hándicap», lamentó el médico, que detalló que a los niños les resulta más fácil adoptar las nuevas rutinas que a las personas a las que se diagnostica la diabetes cuando son adultas. «A un niño de tres años cambiar las costumbres le cuesta tres días. A alguien de 60 años, el proceso le cuesta tres años», indicó. Además, destacó que la edad más complicada para un diabético es la adolescencia. «Cuesta más que te hagan caso, pero eso se pasa con el tiempo», afirmó.
     En contra de la creencia habitual, el médico afirmó que no hay alimentos prohibidos para los enfermos. «Todo es negociable. Hay que tener en cuenta las cantidades y las medidas de insulina y saber compensar, pero no soy partidario de prohibir nada», indicó.
Sergio, la diabetes y las tartas
     Sergio, de ocho años y con diabetes, fue uno de los niños que acudió este mes a las actividades infantiles organizadas por la Asociación de Personas con Diabetes de las Islas Pitiusas. Su madre, Puri, asegura que Sergio es muy consciente de su enfermedad y que por eso siempre cuida su alimentación. Eso sí, reconoce que el chocolate y las tartas le encantan. «Hay veces que en los cumpleaños los demás niños no le hacen caso al pastel y él se lo come con muchísimas ganas», apunta. «Es lo que tiene lo prohibido», reconoce Laura Pérez, presidenta de la asociación que señala que a ella, de pequeña, le hubiera gustado contar con las insulinas que hay ahora y que permiten a los enfermos hacer más excepciones con la alimentación que hace unos años.

                      

Cortesía de Diario de Ibiza       

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