Ago 09

      

     En verano nuestras necesidades de hidratación aumentan. Las altas temperaturas hacen que sudemos más que durante el invierno. Por eso necesitamos tomar más liquidos, ya sea en forma de bebida u otros alimentos ricos en agua, como sopas frías, frutas y verduras.

    Somos agua en más de un 50%. Una proporción que varía en función de tu edad, tu peso y sexo –cuanto mayores nos hacemos y más pesamos, menos proporción de agua tenemos–. El cuerpo del hombre tiene más agua que el de la mujer –alrededor de un 5% más–.

     El organismo humano no almacena el agua, por lo que tu cuerpo requiere que le aportes la cantidad que pierde cada día a través de distintas funciones: respiración, sudoración y evacuaciones, entre otras. Necesitas alrededor de tres litros de agua diarios, cuya proporción se reparte entre la ingesta de agua y los alimentos que tomas. Alrededor de un litro y medio te lo proporcionan entre 6 y 8 vasos de líquidos, que pueden ser agua, zumos, refrescos y batidos, por ejemplo. También consigues hidratarte gracias a los alimentos que comes; te aportan otro litro y medio de agua. Las frutas y las verduras tienen un alto contenido de agua –cerca del 85% de su peso es agua–, así como la carne y el pescado –con valores que oscilan entre un 50 y un 70% de agua–.

     Durante el verano las altas temperaturas, la humedad y una mayor sudoración hacen que tu organismo pierda mayor proporción de agua que durante el invierno. Por eso es fundamental ingerir líquidos con mayor frecuencia, sobre todo, si te expones al sol, prácticas ejercicio o realizas algún tipo de actividad física. Durante los meses estivales no conviene que te desplaces sin ir aprovisionado de tu botella de agua siempre que vayas a la playa, al campo, corras, montes en bicicleta o tengas previsto hacer un viaje de largo recorrido donde te sea difícil abastecerte de bebida.

     Los ancianos y los niños son quienes más tienen que controlar sus niveles de hidratación durante la época estival porque ven alterado su mecanismo de la sed. Los niños, porque no siempre piden bebidas cuando tienen sed. Y los ancianos, porque tienen menos agua corporal que en etapas anteriores.

     Para saber si estás bien hidratado debes observar algunas pistas que tu propio organismo te da: si tu piel está tersa y suave, sin zonas resecas; si no sientes accesos de sed descontrolados y si al beber consigues saciarla, tienes una buena hidratación.

      

Cortesía de www.sabervivir.es

escrito por Administrador


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