Jun 17

Por Vicent Marí

         

     Este es un tema que no se debe menospreciar, ya que representa un capítulo importante en la educación de un hijo. Saber pedir perdón cuando cometemos una equivocación que daña a otra persona es un paso inmenso en cuanto a la calidad de las relaciones personales, lo que beneficia al niño a la hora de entablar contacto con otros niños.

     En un adulto se valora que alguien sepa pedir perdón por una equivocación o un comportamiento inapropiado. De hecho, pedir perdón a tiempo ayuda a que la convivencia entre varias personas alcance un mayor grado de confianza. Todos sabemos que nadie es perfecto y que las personas cometen errores. Sea cual sea el alcance de ese error, se acepten o no, pedir disculpas ennoblece a quien lo hace.

     Los niños actúan a través de estímulos, por impulsos. Cuando son bebés obedecen al sonido del sonajero, a una imagen, a una cara sonriente o desagradable, y a medida que van madurando, este comportamiento se va volviendo menos impulsivo y más sereno. A medida que su pensamiento va madurando, comprende no sólo sus emociones sino que también es capaz de comprender la de los demás, en lo que es el principio de la empatía.

     Pedir disculpas es un elemento que ayuda enormemente a la socialización y madurez de los hijos, ya que implanta en ellos un principio de solidaridad, ya que, en cierto modo, les obliga a ponerse en el lugar del otro para comprender la repercusión de sus actos y la magnitud de los mismos. Es importante que los niños aprendan a aceptar sus errores tanto como los de los demás. Tratándose de niños de corta edad, lo esencial para que ellos aprendan a disculparse es ver cómo los demás lo hacen con naturalidad. En este tema, los padres y los cuidadores deben ser los máximos exponentes de esta práctica. Al verlo, el niño lo asumirá con sencillez y pedirá disculpas cuando deba hacerlo sin que para él sea algo embarazoso.

     Sin embargo, hay que hacerle comprender que después de una mala acción es importante pedir disculpas, pero que eso no es suficiente, ya que como parte de las disculpas es enmendar el error, repararlo en lo posible. Tan importante es una cosa como la otra, ya que, de no hacerle entender esto, puede llegar a la errónea conclusión de que después de actuar mal y hacer daño a los demás, basta con pedir disculpas para que todo quede arreglado, lo que, llegado el caso, no puede evitar que se imponga un castigo si los tutores, educadores, profesores o padres lo consideran oportuno.

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