Jun 10

Por Vicent Marí

         

     Desde hace un tiempo, la importancia de la familia ha ido disminuyendo, y con ello, la importancia de valores como la tolerancia, la convivencia, el sacrificio, el apoyo, el respeto, estrechar lazos o la unión entre sus miembros. Es posible que algunos ahora estén esbozando una sonrisa pícara, y son precisamente aquellos que menosprecian estos valores que tanto se practican en la familia.

     En estos tiempos de tanta incertidumbre, tanto en el panorama financiero como en el laboral, es cuando la familia adquiere mayor importancia. La familia es un apoyo indiscutible en determinados momentos de la vida de cada uno, sobre todo cuando las cosas se ponen difíciles. Todos empezamos siendo parte de una familia, y tarde o temprano formaremos la nuestra propia, pero no por eso, no debemos olvidar a la que pertenecemos y perteneceremos siempre.    
     Formar una familia es un trabajo intenso y sacrificado. Más aún: es un trabajo de equipo, en el que cada miembro aporta su granito de arena para la construcción de algo sólido, que son los lazos entre sus miembros.

     Los padres son los que mayor responsabilidad tienen en cuanto al buen funcionamiento de la estructura familiar y la relación entre sus miembros. Para ello es importante que los valores de convivencia, renuncia y para compartir estén muy asumidos. Me explicaré: cuando me refiero a convivencia hablo sobre todo de respeto, comunicación y hábitos, que son en mi opinión, la base de una buena relación entre los miembros.  Cuando hablo de renuncia me refiero a que todos los miembros del núcleo familiar sean capaces de ceder en beneficio del bién común. Un ejemplo de esto sería llevar a los hijos a pasear en vez de quedarse en casa viendo la televisión, o animarle a practicar algún deporte, lo que implicaría llevarle a entrenar, recogerle, etc. Y por último, hablo de compartir, me refiero no sólo a lo material, sino lo emotivo, lo sentimental -que entraría en el campo de la comunicación-, y todo ello con la finalidad de estrechar lazos, acercar personas, compartir… todo eso es la familia.

     Sin embargo, he dejado un último eslabón que cabría anclar para que la familia y los valores que promueve sean más solidos todavía si cabe: hacer cosas juntos, planes. Esto ayuda a que los miembros de la familia se sientan más unidos, ya que comparten tiempo para estar juntos y conocerse mejor.

     La familia es un trabajo de equipo. Todos deben estar dispuestos a ceder algo de sí mismos y aportarlo para que la unión de todos los que la componen sea más sólida. Es tan simple como eso. Los padres son los que deben dar ejemplo. Si ellos no estan dispuestos a sacrificar algo de su tiempo o sus hobbies, los hijos no asumiran el ejemplo, y si ellos no lo asumen, no lo reproducirán mañana con sus propios hijos, que es lo que ha estado ocurriendo en estos últimos tiempos gracias a nuestro acelerado nivel de vida. Pasamos más tiempo en nuestro trabajo que con nuestra propia familia y los lazos se resienten.

     Considero muy importante incentivar los valores que elevan a la familia. Si no estamos dispuestos a compartir con los demás, la pregunta és: ¿podemos llamarnos familia? La respuesta es obvia. No lo es, así que llámelo como quiera.

     Sin embargo, tenga presente esto: tarde o temprano volvemos a nuestra familia, sobre todo cuando no tenemos adonde ír.  

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