Jun 03

Por Vicente Marí

 

     Muchos padres, en un intento de que sus hijos tengan todo lo que ellos no pudieron tener, o simplemente para evitar que lloren, consienten todo a los hijos, incluso lo que no deberían tolerar. Los padres son los que deben guiar al niño a través de lo que está bien y lo que no lo está. Los primeros años de la vida de un niño son cruciales, y por lo tanto, los que deberían marcar el principio de la tolerancia a la frustración.

     Muchos padres tienen la sensación de que están prohibiendo cosas a todas horas a los hijos. Se pasan el rato negando las peticiones que los hijos les hacen. Esto, que a algunos padres les sienta tan mal –y acaban cediendo-, no es otra cosa que limitar las actuaciones de los hijos. De no hacerlo así, el peligro más claro es que al cabo de poco tiempo se convierta en un  pequeño tirano (ver entrevista).

     La educación de los niños debe tener como objetivo fundamental el desarrollo de personas, maduras, responsables y autónomas. Tan importante como la comunicación, el cariño y los ratos de ocio, son la imposición de unas normas claras y definidas que no den lugar a interpretaciones. Los niños, sobre todo cuando son mas pequeños, necesitan que se les impongan una serie de privilegios a la vez que condiciones, ya que eso les da seguridad. A muchos padres les es más cómodo decir que sí a todo lo que los hijos les piden, pero no les está ayudando. De hecho, les está perjudicando, ya que, cuando no consigan aquello que quieren, y teniendo en cuenta que han conseguido todo lo que han pedido, es muy posible que les cueste más digerir la negativa.

     Decir “no” cuando es necesario decirlo a un hijo le indica al niño que es necesario adaptarse a unas normas y se esforzará por hacerlo. Cuando un padre es debil y empieza diciendo “no”, pero los niños son listos, y si consiguen transformar esa negativa en un “si”, se habrán sentado las bases de un peligroso precedente. Los padres deben mantenerse firmes en su respuesta y no cambiarla por mucho que insista el niño. Si el cambio de respuesta se da con frecuencia, el mensaje que le llega al niño es que, con un poco de esfuerzo, puede saltarse las normas. Y este, es uno de los peores mensajes que le pueden llegar a un hijo.

     Cuando son muy pequeños, los hijos empiezan a explorar su alrededor y no entienden las negativas. Es cuando son un poco más mayores, dependiendo de su grado de maduración, alrededor de los dos años aproximadamente en adelante, cuando hay que ser firmes con las normas y límites que impongamos.

     A menudo, sobre todo al principio, cuando ya distinguen entre lo que pueden hacer y lo que no deben, podemos hablar con ellos y tratar de razonar la respuesta, y si es necesario, llegar a un punto intermedio que no lesione ni vulnere la respuesta inicial. A medida que dominan el lenguaje están preparados para entender los motivos de las prohibiciones, y por tanto podemos explicarles por qué no deben acercarse a una estufa encendida o bajarse de una acera y no simplemente decirles “no toques” o “no hagas esto” puesto que no entienden el motivo.

     Para finalizar, quiero insistir en que la comunicación entre padres e hijos es vital, necesaria y en muchos casos, ayuda a que el niño entienda el motivo de las negativas. Los niños se fijan mucho en el ejemplo que les dan sus padres, por lo que es importante que nuestros actos y nuestras palabras vayan en la misma línea. De lo contrario, no nos tomarán en serio.

            

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