May 27

Por Vicent Marí

         

     Recientemente leí que un gran porcentaje de jóvenes, aproximadamente la mitad de edades comprendidas entre los 12 y los 18 años no hacían ninguna clase de deporte al salir de clase. La gravedad de este dato no reside en el porcentaje, sino en que se pone de manifiesto que no existe una concienciación por parte de padres, educadores, tutores o profesores por trasladar a los estudiantes los valores de una vida sana. Este dato se contrasta con el hecho de que alrededor de un 30% de la población española, -un 36% entre los británicos y más de un 40% de los estadounidenses- padecen sobrepeso.

     Son cada vez más los colegios que tratan de instaurar valores de comida sanos entre sus alumnos y obligan a los padres a que los alimentos que lleven sus hijos al colegio esten dentro de un programa que elimina los alimentos altos en grasa como el chocolate, la nocilla, bollos o productos de pastelería. Sin ír más lejos, el Colégio Publico Puig D´en Valls facilita a los padres una hoja detallando lo que deben llevar los niños para comer en los tiempos de recreo. Sin embargo, estos hábitos deben tener su continuidad fuera del ámbito escolar, es decir, en el hogar, en la familia. De lo contrario, la instauración de estos hábitos alimenticios se quedará simplemente en un intento.

     No obstante, llevar una vida sana no sólo se compone de una dieta equilibrada, sino también de ejercicio. A medida que nos vamos haciendo mayores, el cuerpo envejece y se va deteriorando. Un buen método para combatir esos síntomas para que no se hagan tan visibles y evidentes es hacer deporte con regularidad. Y para ello, es importante que el hábito de practicar deporte se vaya instalando desde la más tierna infancia.

     En la guardería saltarán, correrán, jugarán… eso es deporte a su manera. Sin embargo, cuando vayan haciéndose mayores, en los niños sobre todo, se creará el ansia de competir, de ser mejor que el adversario, y ayudado por su enorme capacidad física –nunca se cansan-, perseguirán un balón, un compañero, afinarán la puntería y crearán juegos nuevos con los que competir. Lo importante es que también practiquen alguna clase de deporte, sobren todo que a ellos les guste, fuera de clase.

     Es importante que los padres den ejemplo, ya que de lo contrario, por mucho que les animemos, sonará a palabrería vacía. Tampoco se trata de hacer un gran esfuerzo y que nos dé un síncope, sino de animar al niño apoyándole en la práctica en lo posible. Animarle  a practicar deporte en un equipo, con los amigos, acompañarle a los entrenos, implicarse en que el chico mejore sus habilidades… todo eso ayuda mucho a instaurar el hábito a llevar una vida sana, y todo eso, cuanto antes se inicie, mejor para el niño.

     Las ventajas de llevar una vida sana son muchas: previene que se inicien en el alcohol, el tabaco o las drogas, ya que saben que deterioran sus propiedades físicas, y tienden a agruparse con gente que tiene las mismas aficiones y hábitos sanos.

     El deber de un padre es crear hábitos, habitos de todo tipo, incluso de vida sana. Sobre todo de vida sana. Dieta y deporte son sinónimos de vida sana y calidad de vida.

escrito por Administrador


One Response to “Educar para una vida sana”

  1. 1. Vida saludable ha comentado:

    Si los educas desde pequeños, tendrán menos problemas cuando sean mayores.Me ha encantado tu post. Un saludo

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