Mar 25

Por Xavi Pons

  

     Esta semana hablaremos de un tema que se cuestionan muchos padres y que muchos otros deberían cuestionarse. No se trata sólo de la educación que les damos a nuestros hijos, en las que les insuflamos nuestros miedos, sino de la que nosotros mismos hemos recibido y de la época en la que vivimos.

     No hace mucho leí en una revista testimonios de padres y su distinta visión educativa. Para ella era una obligación acompañar al hijo al colegio, del que le separaba apena un kilómetro de su casa. Para él, más que una obligación, era opcional. El chico tenía siete años y muchos chicos de las casas cercanas iban al colegio sin que ningún adulto les acompañara, así que ¿Qué necesidad tenía él de acompañarle al colegio? Para su padre era la oportunidad de que su hijo empezara a desarrollarse y espabilarse en el mundo. Ya hacía tiempo que no llevaba pañales y debía empezar a desenvolverse en la vida que le había tocado vivir.

     Este ejemplo presenta las dos vertientes de un problema y un interrogante: ¿Protegemos a nuestros hijos o los sobreprotegemos?

     Los niños nacidos en las últimas tres décadas en España o en los países más desarrollados son los que, con total seguridad, han obtenido más protección, atención, cariño y recursos de los que han recibido sus padres. Muy probablemente todo esto es debido a la elevada competitividad que se respira en nuestros días.

     Volviendo al caso que nos ocupaba al principio de estas líneas, hay un dato que puede arrojar algo de luz al respecto: Hace unos años, a principios de los setenta, el 21% de los escolares iban solos a la escuela. Hoy en día, ese porcentaje ha caído por debajo de un 13%.

     La pregunta que me hago como padre es ¿Es bueno que protejamos tanto a nuestros hijos? ¿Es beneficioso para sus relaciones o su desarrollo personal tanta protección? Mi opinión es que no.

     Me explicaré: Si protegemos demasiado a un hijo, es muy posible que le estemos quitando la posibilidad de aprender por su cuenta, de desarrollarse y valerse por sí mismo. La vida es un aprendizaje continuo y se debe aprender constantemente. Si le negamos la oportunidad de equivocarse, le estamos negando la posibilidad de que aprenda y evolucione, con lo que no le estaremos haciendo ningún favor.

     Algunos argumentarán que ahora hay más peligros que antes, se oyen más casos de secuestros infantiles que antes y eso alarma a los padres. A pesar de que queramos mucho a un hijo, hay que dejarle que se haga daño, que pruebe cosas aún a costa de sepamos el desenlace por anticipado.

     Hasta hace bien poco los niños tenían actividades extraescolares con las que llenar las horas de la tarde en las que no estaban en el colegio. Ahora, con la crisis económica, estas actividades se han recortado, lo que deja más espacio a los hijos para hacer cosas que a ellos les gusta y de paso, permite a los padres disfrutar más de los hijos. Esto está impulsando en algunos padres una nueva forma de ser padres.

     “La sobreprotección y las contantes actividades estan bien hasta cierto punto”, asegura Ahsley Merriman, co-autora de un libro que se ha convertido en un auténtico best seller en Estados Unidos y que seguramente llegará a nuestro país en poco tiempo.

     “El problema está en que no les damos la oportunidad de fallar o equivocarse porque lo planeamos todo para ellos, sin que tengan que esforzarse”, asegura la autora quien añade que alabando sus virtudes constantemente les hacemos muy vulnerables cuando alguien les dice lo contrario.

     Todos los padres protegemos a los hijos. El kit de la cuestión es que esa protección no les permita aprender del entorno, con los compañeros o amigos de clase, en las peleas que se forman, cayéndose del tobogán o el columpio. Los padres no podemos –ni debemos- protegerles en todo momento. Debemos dejarles aprender, aunque sea doloroso. Nuestro hijo lo necesita.    

escrito por Administrador


One Response to “¿Proteger o sobreproteger?”

  1. 1. nadia ha comentado:

    como madre, me preocupa que le pase algo malo a mi hija, pero entiendo que no puedo estar protegiendola en todo momento. El caso que cuenta, lo de acompañar a los hijos al colegio es un debate que tengo con el padre de mi hija y que refleja los diferentes puntos de vista a nivel educativo que tenemos cada uno.

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