Ene 11

       

Menopausia     De entre todas las dietas, una dieta sana y equilibrada es el mejor planteamiento tanto para los que quieren adelgazar y perder esos kilos de más, como para los que se preocupan por cuidar la salud. Y es que una dieta sana puede reducir en hasta un 80% las enfermedades cardiovasculares y en un 70% algunos tipos de cáncer.

     El resultado de una dieta sana y equilibrada será una pérdida paulatina del exceso de peso: adelgazar de manera sana y sin esfuerzos. Si el objetivo de tu dieta es adelgazar, lo ideal es hacerlo entre medio kilo y un kilo a la semana, de manera que el cuerpo asimile los cambios en la dieta sin reducir el gasto energético.

     Se conoce como dieta mediterránea al modo de alimentarse basado en algunos patrones de alimentación de los países mediterráneos, especialmente Albania, España, Italia, Grecia, y Malta.

     Las características principales de esta dieta son un alto consumo de vegetales (frutas, verduras, legumbres, frutos secos, pan y otros cereales), el aceite de oliva como grasa principal, un mayor consumo de aves y pescado que de carnes rojas, y el consumo regular de vino en cantidades moderadas.
     La propiedades que se le atribuyen se basan en la constatación de que la incidencia de enfermedades cardiovasculares es mucho menor que en EEUU. aunque en los países mediterráneos se consuma mucha más grasa. Las causas parecen estar en el mayor consumo de pescado, en especial pescado azul, rico en ácidos grasos omega 3; en el alto consumo de aceite de oliva (que reduce el nivel de colesterol en sangre) en lugar de grasas animales, y finalmente en el consumo de vino, que tiene efectos beneficiosos, especialmente el vino tinto por sus antocianos, aunque debe tomarse en cantidades moderadas: uno o dos vasos por comida.
     En los años 50 el Dr. Ancel Keys estudiaba las relaciones entre las enfermedades coronarias, el colesterol y la dieta. Describió una dieta, que luego se difundió como dieta mediterránea, caracterizada por: “abundantes vegetales (fruta, verduras, pan y otros derivados de los cereales, legumbres y frutos secos), con la fruta fresca como postre habitual, aceite de oliva como la grasa principal, lácteos (sobre todo leche y yogur) y pescado consumidos en cantidades de bajas a moderadas, de cero a cuatro huevos por semana, bajo consumo de carnes rojas, y consumo entre bajo y moderado de vino. Es una dieta con bajo contenido en grasas saturadas (entre 7 y 8% de las calorías) con un consumo de grasa total entre el 25% hasta poco más del 35%.”
     Esta dieta, tal cual se planteó, nunca ha sido consumida tradicionalmente en ningún país mediterráneo. Keys se apoyó en la imagen de salud proyectada por los países mediterráneos entre los estadounidenses para formular una dieta más racional que la basada en desayunar un par de huevos, cocinar con mantequilla, comer carnes una o dos veces al día y casi ignorar el pescado. Aunque lo que acabó formulando fue, prácticamente, una dieta vegetariana, complementada mínimamente con carne y pescado, que no es realmente la dieta tradicional en ningún país mediterráneo.

      

Cortesía de www.sabervivir.es

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