Oct 22

Por Xavi Pons

    

niño acosado acoso     Con el inicio del curso escolar, tu hijo deja de estar tanto con el núcleo familiar para involucrarse más con otros compañeros. Los padres suelen preocuparse por el hecho de desconocer lo que está haciendo, la clase de amigos que hace, si se aplica en los estudios… o si está sufriendo algún tipo de amenaza. Los hijos, en muchos casos, sobre todo si la comunicación entre padres e hijo no se ha ido dando previamente, son herméticos ante las cosas que les afectan. Sin embargo, por este motivo, en Mennta hemos buceado en el tema para ofrecerte una pequeña guía de ayuda.

     Cuando tu hijo está sufriendo un acoso, lo primero que se percibe en él es un cambio. No estudia, no trabaja en el colegio, está como triste, esquivo, tiene bruscos cambios de humor, a veces se pone especialmente agresivo sin motivo, llega a casa desanimado, en ocasiones parece que se ha peleado, tiene su material escolar roto… estas son sólo algunas de las pistas que nos indicarían que nuestro hijo podría estar sufriendo bullying o acoso escolar. En este artículo vamos a revelar algunas claves para que puedas detectar a tiempo y tomar medidas para proteger a tu hijo. Hay especialístas en la materia que pueden ayudarte. Los centros escolares estan especialmente sensibilizados ante la alarma social que produjo el suicidio de Jokin, que fue el caso que destapó de forma oficial lo que sucede en las aulas.

     Los niños que sufren acoso escolar suelen tener un rasgo que aflora antes que ninguno y que se hace evidente incluso sin darnos cuenta, pero que nos debería poner en alerta y es que su comportamiento se vuelve esquivo, huraño, tiene cambios radicales de comportamiento y de humor y puede volverse agresivo. Esto puede ser un hecho aislado, pero si esto se va dando un día tras otro y permanece y se agrava, hay que investigar el hecho y descubrir la fuente.

     Otro de los síntomas que destaca es la aparición de dolores somáticos, es decir, aquellos dolores que son evidentes y localizados en el plano físico. Los dolores de este tipo más recurrentes que padecen las víctimas de acoso son dolores de cabeza y articulaciones y utilizan estos dolores como excusa para no ír al colegio o para zafarse de algunas tareas. De todas formas, considero acertado acudir a un especialista para que determine si este tipo de dolores son ficticios o si sufre otro tipo de trastorno.

     Otro de los patrones que siguen los acosadores es que, por regla general, tratan de romper o deteriorar todos los elementos que los acosados llevan al centro escolar, sea material escolar, como libros, cuadernos, bolígrafos, mochila, etc., como ropa que el propio muchacho lleva encima o su merienda. Si dice a menudo que le han robado cosas, habrá que estar atentos. Podríamos tener un caso de acoso. Por eso es importante controlar el material escolar que el estudiante lleva al colegio y preguntarle por las cosas que encuentre rotas. Con las explicaciones que dé SE notará si dice la verdad o trata de ocultar cosas.

     Las pequeñas heridas o golpes son otro de los síntomas que nos dirán que nuestro hijo está sufriendo acoso. Los niños, jugando, se caen y se golpean contra las cosas y no hay más vueltas que darle. Pero si trae heridas o hematomas con frecuencia habrá que preguntarle. Sin embargo, si al cuestionarle al respecto vemos que se vuelve esquivo o trata de mentirnos, habrá que estar alerta e investigar el asunto en profundidad. Hay que estar atentos a señales de violencia física en su cuerpo.

     Una vez que todo es evidente, todas las piezas encajan y nos dícen que nuestro hijo está siendo objeto de acoso, no hay que dejar esto en manos del menor, sino tomar medidas para proteger a nuestro hijo. Para ello, lejos de tomar medidas drásticas y traumáticas, hay una serie de tres pasos que debemos seguir.

     El primer paso consiste en establecer una comunicación con el muchacho. Este es el primer paso, y como todo primer paso, es el más importante. Debe existir una buena comunicación con él. Es importante que hable, ya que su testimonio es la clave de todo. Para ello, es vital que los padres también hablen y así, él se sentirá capaz de hablar. Si admite que ha sido agredido -esto suele ser complicado-, debería ser capaz de ofrecerte detalles: donde ha sido, cuando, por quien, cuantas veces, y sobre todo, si lo ha puesto en conocimiento del centro.

     El segundo paso es buscar ayuda profesional. El pediatra e incluso el psicólogo son los profesionales mejor cualificados para juzgar tanto los daños físicos como los psíquicos que hayan sido ocasionados por el acoso. Ellos son los que deben asesorarnos, ya que por algo son profesionales. Ellos nos ayudarán a que el niño supere esta experiencia lo antes posible y que ayude a reforzar su personalidad.

     El tercer paso consiste en hablar con el centro. No hay que intentar arreglar esta situación hablando con los padres de quién acosa a nuestro hijo. No serviría de nada excepto para empeorar la situación. Lo que hay que hacer es hablar con el centro para que ponga en marcha el protocolo de medidas necesarias en estos casos y que tratan de proteger al acosado. Solicita una entrevista con el tutor de la clase en primera instancia para comprobar si tenía conocimiento del asunto y con la directiva del centro si ves que la situación persiste. Si dicen que ya lo sabían, pregunta que medidas tomaron para evitarlo. Si después de eso el colegio no toma medidas, hay que ir al defensor del menor y poner la correspondiente denuncia.

     Para finalizar, hemos tenido noticia de que recientemente se ha creado una web de ayuda contra el acoso escolar en Ibiza y Formentera: http://www.acoso-escolar.com./

   

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