Sep 03

Por Xavi Pons

  

Niño a rabieta     Esta semana hablaremos de un tema que preocupa a los padres de esas pequeñas personitas: las rabietas. En este artículo veremos situaciones muy comunes que desencadenan conflictos, berrinches o rabietas y de qué forma podemos controlar la situación una vez que esta se ha manifestado e incluso, prevenir la rabieta antes de que la rabieta se produzca. Este artículo será de gran ayuda a padres primerizos o a aquellos que todavía no han encontrado la manera de controlar y consolar las rabietas y frustraciones de sus hijos.

   

¿Qué son las rabietas?

     Las rabietas no son más que pulsos de poder con los que de vez en cuando, los niños miden la fortaleza de los padres. Por eso, los padres deben mantenerse firmes, porque cuando esas criaturas angelicales, que son mucho más listos de lo que nos imaginamos, notan cualquier mínima señal de debilidad por parte de uno o los dos padres, van a explotarla al máximo.

     Cuando son bebés, estos tienen rabietas, aunque son de otro tipo, normalmente generadas por su escasa habilidad para hacer cosas, porque los adultos no les entienden, o por necesidades físicas como comer, beber o que tienen calor o frío, van sucios o se sienten incómodos por cualquier motivo. El modo en que los padres manejan estas primeras situaciones hará que el bebé aumente la frecuencia y la intensidad de estas, se mantengan o que desaparezcan. Sin embargo, las rabietas que debemos empezar a controlar surgen un poco más adelante, incluso todavía siendo un bebé ya más desarrollado.

     Estas rabietas empiezan a temprana edad, puede que incluso al año, pero alrededor de entre los 14 y los 16 meses, su autonomía –ya caminan y van adonde quieren- les llevan a desafiar la autoridad de sus padres y de sus mayores, en este orden, ya que las demandas del niño suelen chocar con las normas que imponen los padres. Normalmente, el niño les pone a prueba negándose a hacer lo que los padres le piden y haciendo cosas que le han dicho que no haga. Si tiene éxito anulando la autoridad de los padres, hará lo mismo con el resto, por lo que su falta de autoridad que en ese momento puede hacernos gracia, más adelante se revelará con un enorme problema.

     Por eso, insisto en que las rabietas deben controlarse y ser sofocadas de forma pacífica, nunca de forma violenta, a pesar de lo tentador que puede ser eso llegado el momento. No debemos olvidar que estas rabietas son desafíos que forman parte de un comportamiento normal que siguen para reafirmar su personalidad y su recién adquirida autonomía.

     Normalmente, hacia el final del segundo año, algunos niños pueden responder de forma colérica e incluso explosiva cuando reciben una negativa a sus peticiones o cuando se les obliga a hacer algo que no desean hacer. Chillan, berrean, dan patadas, se tiran al suelo o lanzan objetos con fuerza y rabia. En ese momento es cuando más pacientes debemos ser. Las rabietas perdurarán a lo largo de los años. Sin embargo, es en los primeros meses –o años- cuando debemos hacer un esfuerzo para sentar las bases por las que el niño se regirá en adelante. Si somos capaces de sofocar sus rabietas sin violencia, comprenderá que hay cosas que no se pueden tolerar. Si tiene éxito en este momento, será más complicado sofocar sus rabietas en edades posteriores, puesto que habremos sentado un mal ejemplo y será más difícil que entienda que lo que antes era válido, ahora no lo es.

     Muchas veces, los niños detectan la vergüenza o el trago que supone para sus mayores las escenitas que ellos montan para obtener algo. Son muchos los padres o abuelos que, en esa situación, en la que lloran y se tiran por el suelo rodando ante la atónita mirada de los presentes, ceden ante las pretensiones del menor con tal de que deje de tener ese comportamiento. Que no nos avergüence ni nos sepa mal. Si cortamos de raíz este problema, a lo sumo con que lo intente dos o tres veces y no le funcione, buscará otra estrategia, que tal vez sea peor.

     En general, y esto lo habrán notado muchos padres, las rabietas se producen siempre en presencia de la madre o el padre, o simplemente, de la persona que lo cuida habitualmente. Normalmente se producen en casa o en momentos en que estamos ocupados con otra cosa, o en momentos en que no podemos hacerles caso o atenderles como es debido. Muchas veces ocurre que se portan mejor en casa de los abuelos que en casa de los padres. Esto es así porque ha entendido que sus padres son más permisivos con él que el abuelo, que no le deja tanto margen o bien porque cede más facilmente y no tiene necesidad de montar un “show”.

Los motivos por los que los niños tienen rabietas pueden ser de muchos tipos. Estos son los más frecuentes:

- Frustración por no poder hacer algo “inmediatamente”.

- El deseo de ser el centro de atención. Son muchos los niños que descubren que portándose mal reciben más atención y cariño y que cuando son buenos, no se les hace tanto caso ni se les valora. Actúan aún a riesgo de recibir un cachete.

- Cuanto las normas son poco claras o débiles, buscará la manera de aprovecharse hasta descubrir hasta donde puede llegar.

- Cuando los padres tienen distintas posturas educativas y las dos posturas chocan por incompatibilidad, inconsistencia o incoherencia. (este tema ya se trató en esta sección. Ver temas en menú superior)

 

¿Cómo manejar una rabieta?

         A veces, la solución más sencilla es desviar la atención del niño. Distraerle con un cuento, una canción, un juego, un baile… Es preferible algo divertido o sorprendente y, cuanto antes, mejor. No hay que dar importancia a la pataleta, no prestar atención al niño o salir de la habitación son procedimientos que suelen dar buenos resultados, aunque su puesta en práctica resulta difícil.

     Seamos coherentes y sólidos. Si el niño sabe donde estan los límites y se ha dado con ellos y ha perdido, no intentará luchar otra vez. Si es necesario, hay que recordárselo: “Te he dicho mil veces que antes de comer no se comen chocolatinas o dulces”.

     Durante una rabieta, un adulto debe mantener la calma hablándole con suavidad pero con firmeza, tratándole con cariño, pero sin permitir que el niño salga con la suya. Algunas veces hará falta contener al niño, sujetarle físicamente para evitar que haga algún destrozo o Agreda a otro niño, es mejor hacerlo sin hablarle ni mirarle y sujetándolo con firmeza. Cuando el niño se haya calmado conviene que hablemos con él de las causa y explicarle sus límites  (las normas establecidas) para que las cumpla como hacen los demás. Eso ayudará a que aumente su tolerancia a la frustración y en definitiva, hará que sus rabietas tiendan a disminuír al menos en intensidad.

   

¿Qué cosas no debemos hacer cuando estalla una rabieta?

-  Darle un cachete. Eso sólo hará que la rabieta empeore, ya que vendrá a decir que si el niño ha perdido el control, sus padres también.

- Gritarle. Serán dos personas gritándose sin escucharse. La situación irá a peor.

- Ceder a las intenciones del niño. Esto equivale a premiar al niño por el berrinche. Como le ha funcionado esta vez, lo probará una siguiente, incluso aumentando el tono.

- Ceder a las presiones de la pareja u otros adultos para que le den al niño lo que quiere. Es una situación incómoda, pero se trata de la educación de nuestro hijo. Ellos ya educaron a los suyos. Ahora es nuestro turno, ya que seremos nosotros los que debamos lidiar con él ahora y en el futuro. Lo entenderán.

   

¿Cómo podemos prevenir las rabietas?

- Las normas deben ser claras y tajantes. No deben dar lugar a interpretaciones erróneas. No sirve decir eso de “tienes que portarte bien”. Eso no es válido para ellos. Hay que ser claros y firmes: “No se pega a las personas porque les haces daño. A ti no te gustaría que te pegaran y te hicieran daño, ¿verdad?”

- Fortaleciendo la autoestima del niño, proporcionándole amor, cariño y seguridad. Si antes habíamos dicho que había niños que se portaban mal para recibir atención, brindémosles esta atención antes, y no recurrirá a las rabietas.

- Hablar tranquilamente antes de que estalle la rabieta. La tristeza, la rabia y la frustración incontenida acabarán evolucionando a rabietas, por lo que, si podemos pararlas antes de que se descontrolen, mejor.

 

escrito por Administrador


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