Jul 30

Por Xavi Pons.

  

Niño y padre     Los pequeños de uno a tres años no disimulan sus preferencias y exigen abiertamente la presencia de uno de los padres junto a ellos, provocando la molesta sensación de rechazo en el otro. Pero esto no significa que no quiera al otro. Ellos pueden tener otras razones para esa preferencia, aunque no parezcan evidentes a ojos de los padres.

     Dejando de lado que cuando estan enfermos, normalmente van directos a la madre, ya que entienden que es quien mejor les cuida, hay otras consideraciones que hay que tener en cuenta para esa elección.

     Intentar comprenderlos y saber que no tienen la menor idea de que su rechazo puede doler, hará que nos enfrentemos con más calma a ese favoritismo, que es pasajero.

   

¿Por qué acude a uno solo?

     Las causas hay de esta reacción estan en la organización familiar, y estan muy relacionados con los momentos en los que el niño comparte con cada padre y la relación que se entabla gracias a eso.

- A menudo, sucede que el padre, debido a su jornada laboral, pasa muy poco tiempo con el hijo, con lo que, el lazo con la madre se estrecha más. Entonces, ese hijo, que está acostumbrado a estar con mamá, la elige como una forma de preservar sus rutinas, sin que nada cambie en sus actividades.

- En la misma situación, el preferido puede ser el padre. El razonamiento para que esto suceda es simple: el progenitor que pasa menos tiempo con el niño dedica esos ratos a jugar o a actividades placenteras y aprovecha para mimarlo. En la cabeza del niño se asocia la idea de que cuando llega papi, llega la diversión.

- A veces ocurre que la relación que entabla la mamá con el niño es tan intensa que no deja lugar para el papá. La madre acapara todas las actividades del hijo y es la protagonista absoluta de su mundo afectivo. En otras ocasiones es el padre el que no se involucra en la crianza y educación del niño y actúa pasivamente, como si esa tarea fuera exclusiva de la madre. Afortunadamente, los hombres estan asumiendo más protagonismo que antes en la educación de los hijos y en las labores del hogar.

- También puede ocurrir que con un padre se consiguen algunas cosas más fácilmente que con el otro, así que ellos se arriman al arbol que más les conviene.

  

     Una vez que sabemos qué es lo que esté desequilibrando la balanza a favor de uno de los padres, corregir esa situación no debería ser complicado. Bastaría con hacer un nuevo reparto de papeles.

    

Cómo actuar

     La clave está en modificar -corregir- los momentos que comparte cada progenitor con el niño. Cada uno debe tener su porción de buenos ratos y asumir su parte en la imposición de límites y cumplimiento de las normas, como por ejemplo:

      

- No hay que ofenderse ni tomarse algo como personal que el niño prefiera al otro padre. Ni mucho menos devolverle su rechazo. Hay que comportarse como siempre, sin enfadarse ni tampoco cortejarlo o sobornarlo con regalos o diversión extra. Con calma, su pasión es pasajera. El padre demandado hoy puede ser rechazado mañana. Los niños son así.

- Padre y madre deben mostrarse unidos ante el niño y cariñosos entre sí. Es importante que vea que no rivalizan por su cariño o atención. Una buena conducta es que el progenitor preferido haga participar al otro en la actividad que desarrolla con el niño. Por ejemplo, si el niño quiere que le bañe mamá, llamar a papá y mostrarle cuanta espuma hay o cómo flota el barquito y que el padre juegue con él o le lave los pies.

- Para inclinar la balanza hacia el otro platillo, el padre que no es preferido se encargará de las actividades más placenteras: mucho juego y contacto físico, el cuento de antes de dormir, el baño…, las que se disfrutan más.

 - Poco a poco y sin ser inflexibles, hay que ír compartiendo las actividades que el niño pide a un solo padre. Si quiere comer exclusivamente con su madre, mamá y papá estarán delante cuando llegue la hora de la comida. Al día siguiente cuando llegue la hora de la comida, estarán los dos, pero se la dará papá; un día después, mamá desaparecerá de la escena justo a la hora de la comida. Todo esto ha de hacerse de forma gradual, poco a poco.  Tampoco estaría mal que, en algún otro momento, mamá quedara con sus amigos mientras padre e hijo pasan la tarde solos. Ojo con obligarle por la fuerza a hacer las cosas con el otro progenitor, porque podría llegar a entender que quedarse con él es como un castigo y reforzaría su posición de rechazo.

- El objetivo es que los dos padres asuman por igual las distintas funciones que requiere la crianza y educación: autoridad, afecto, ser compañero de juegos… Sin forzar las situaciones, tendrán que turnarse hasta cumplirlas indistintamente, es decir, que haya un reparto equitativo de las tareas.

     Los conflictos familiares, aunque aparentemente involucren a un solo progenitor, siempre se resuelven con la intervención de los dos.

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