Jun 04

Por Neus Cardona

 

ninos-y-videojuegos     Aunque parezca una edad muy temprana, hay bastantes niños de cinco o seis años que ya utilizan los videojuegos. No es extraño en esta sociedad tan informatizada y audiovisual que los hijos sean más hábiles que sus padres manejando los artilugios electrónicos.

     Hay que tener en cuenta que en los últimos años se han puesto al alcance de un público cada vez más joven consolas y ofertas lúdicas electrónicas. PSP, Nintendo Ds, o consolas como la Wii, Playstation o Xbox han conseguido que en más de la mitad de los hogares haya algún tipo de consola de videojuegos, eso sin citar los propios ordenadores. Porque no sólo existen los juegos que se compran para videoconsola, sino videojuegos para ordenador que incluso se pueden descargar gratuitamente desde Internet. Además, el ordenador es mucho más interesante que la videoconsola, al tener otros usos y posibilidades.

     Los videojuegos desarrollan habilidades mentales que sirven tanto para la informática como para otros campos, pero también existen riesgos: pueden tener contenidos inadecuados o usarse excesivamente mientras se abandonan otras formas de ocio.

     Los consejos que se les puede dar a los padres no se diferencian  mucho de los que sirven para la televisión: cuidar los contenidos y moderar el tiempo para que puedan disfrutar de otras formas de diversión.

     En cuanto a los contenidos adecuados para estas primeras edades hay videojuegos directamente educativos y otros que desarrollan la inteligencia, la atención y la rapidez de reacción. También están los que se basan en dibujos animados y películas de fantasía.

     Sobre el horario, los niños suelen tener un período inicial de entusiasmo que dura algunas semanas, y después, su interés disminuye y ellos mismos, sin necesidad de decirles nada, se dedican a otras cosas que les parece más estimulantes. Si los padres ven que sus hijos hacen un uso abusivo, les corresponde a ellos limitarlo a un tiempo razonable y orientarles hacia otros juegos y actividades.

     Los propios videojuegos suelen incluír en los envases y manuales indicaciones sobre la edad y el tiempo adecuados.

     En resumen, el hábito o la obsesión de un niño hacia la videoconsola o hacia un juego en concreto se debe limitar a un horario definido o a una serie de horas cada semana, ya que no establecer ese límite puede ayudar al niño a aislarse en un mundo virtual sin que tenga la necesidad de relacionarse con otros niños de su edad. La consola o los videojuegos no pueden sustituir al parque o al partido de fútbol o la excursión o carrera en bicicleta de la semana.

 

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